sábado, octubre 15, 2005

Juguemos a ser escritores!

Me gusta escribir, alguna vez fui poeta pero regale mis poema a unos novios necesitados de amor y desde entonces no se mas como rimar, se me atoran las palabras y los sentimientos, asi que me fui al mundo de la prosa (por aquello de que me gusta mucho platicar y contar historias)... Ahora tengo varios escritos en proceso, este es uno de ellos, una novela basada en la historia familiar de una amistad... Me esta gustando mucho y me esta dando mucho tambien. Como siempre les pongo algo que me inspira, ahora me he sentido con las ganas de dejarles algo de mi propia inspiracion. Es solo una probadita (dos fragmentos)... chiquita, chiquitita.

FRAGMENTO 1

"El maíz en Irimbo crecía tan alto que seducía a las nubes, mientras que la brisa del atardecer besaba lentamente los sembradíos con su soplar. Era un lugar de tradiciones, lleno de esperanza y como cualquier pueblo chico lleno de habladurías.

Tan pronto como llegaron a Irimbo, Clementina se convirtió en Doña Clementina Garza y se acomodo junto a su recién empezada familia en el lado este del pueblo, en una casita blanca donde empezaría su nueva vida.

Doña Clementina tenía solamente 17 años cuando empezó a dar a luz a un interminable batallón de chiquillos rosados y pelones que lloraban cada noche como si los estuvieran moliendo a palos y dormitaban como angelitos durante el día. Cada vez que Doña Clementina tenía una cría nadie en el pueblo podía conciliar el sueño por meses enteros. En total tuvo 15 hijos, de los cuales solo 12 sobrevivieron y de los 12 solo dos fueron mujeres.

El orgulloso patriarca de este familión era conocido por todo el pueblo por ser un buen marido y padre muy estricto. Era monumental y forzudo; tenía manos enormes y llenas de callos, evidencia de toda una vida de arduo trabajo en los maizales. Sus ojos eran viejos y obscuros, un gran bigote con puntas de carrizo revoloteaba en su cara cada vez que sonreía y siempre llevaba un peine de carey en el bolsillo para mantenerlo en su lugar.

Don Benjamín fue el único hijo de una de las familias más antiguas de Maravatio, el pueblo más cercano a Irimbo por el oriente. Ahí creció con su padre, Don Fausto Garza quien le enseño todo lo que debía de saber. Su madre murió durante su alumbramiento, su vientre no pudo soportar el tamaño descomunal de su hijo y cuando por fin lo pudo expulsar de sus entrañas el esfuerzo la partió en dos y apenas si tuvo tiempo de bendecirlo antes de fallecer.

Don Benjamín nunca fue a la escuela, la única que había en la región estaba a dos horas caminando; así que su padre le instruyó a leer y a escribir, le enseñó todo acerca de los maizales, las estaciones y a ganarse la vida trabajando duro. En esos días eso era lo único un hombre necesitaba saber para sobrevivir.

Un día decidió tratar suerte y con el dinero que le ganó a un ‘gringo’, jugando cubilete en la cantina, se hizo de unas cuantas tierritas en Irimbo y se fue a trazar su propia historia." FIN

FRAGMENTO 2

"La misa de 12 era el evento más importante y concurrido de la semana en Irimbo. Todo el mundo estaba ahí sin falta, sin importar quienes eran o a que se dedicaban.

En primera fila se podía ver al Presidente Municipal, Emilio Andrade, con su esposa y sus dos hijos, Ramón y Macario; muy bien perfumados y muy emperifollados en sus ropas domingueras y sus zapatos de charol brillante. Ellos eran la familia más rica y prestigiada del pueblo y se les notaba a leguas.

Un poquito mas atrás con su sombrero de fieltro gris y con una rosa blanca en la solapa se sentaba el dueño, director y único empleado de la oficina de correos el señor Arturo Pacheco; el era el propietario de los mas jugosos chismes de la región ya que su trabajo le daba acceso a todo tipo de noticias tanto locales como de fuera; hasta las noticias de la Capital recibía de vez en cuando. En esos días de inestabilidad política en el país, todas las rutas de comunicación al pueblo habían sido cerradas. Irimbo se había quedado totalmente aislado de la revolución y al mismo tiempo de toda información.

Del lado izquierdo de la iglesia unas bancas mas atrás, ahí juntito a San Judas Tadeo, siempre se sentaban dos hermanas muy viejitas, muy malhumoradas y muy jorobadas; Teresita y Fita Abellaneda, nietas del gran General Clodoveo Abellaneda quien peleó en el famoso Levantamiento de Dolores, batalla que inicio la Independencia de México. Murió sin pena ni gloria ahogado por un hueso de pollo que se le atoro en la garganta esa misma tarde. Cuentan que el mismísimo cura Hidalgo trato de sacarle el hueso para salvarlo pero todos sus esfuerzos fueron en vano y su cuerpo fue incinerado con todo y hueso para evitar que entre el ajetreo de la Independencia fuera a caer en manos enemigas.

Siempre con sus rebozos negros y con sus largos y usados rosarios, las dos hermanas rezaban al unísono por quien sabe cuantas causas perdidas. Ellas eran las habitantes más arcaicas de Irimbo; las dos viudas y sin descendiente alguno, la Revolución se los había matado a todos. La gente del pueblo decía que la soledad les había arrugado el corazón y por eso cuando no se les veía rezando en la iglesia se les encontraba afuerita de su casa, meneándose en unas mecedoras destartaladas echas de mimbre, abanicándose las moscas y criticándolo todo desde el clima hasta la Revolución.

El cura de la iglesia, el Padre Eulalio, era un hombre muy velludo de ojos obscuros, cejas frondosas y manos frías. Nunca decía su edad y le gustaba comer helado de vainilla con pasas todos los domingos después de dar la misa. Era un hombre amargado por el paso de los años y el padecimiento de su vocación. Su más grande esperaza era la de que algún día el mundo entero se arrepintiera de sus pecados y el se sentía responsable por colaborar en dicha noble causa. Cada vez que se le ofrecía una oportunidad de encaminar a un pecador al camino del Señor, su rostro se llenaba de alegría. Contaba para esos casos con una colección de métodos que iban desde rezarle a San Agustín (su personaje predilecto de la corte celestial debido a sus rígidas nociones de comportamiento) tantísimos rosarios como uno se pudiera imaginar; hasta cualquier cantidad de tortura física que fuera necesaria para purificar el alma de aquel incauto que se cruzara en su camino y tuviera la suficiente valentía de confesarle sus pecados.

Nadie supo nunca su más preciado secreto. El Padre Eulalio siempre soñó con el bendito día en el que llegara a ser el respetable Cardenal de la Arquidiocesis de la Ciudad de México. Desde niño siempre se imagino oficiando la santa misa en la gloriosa catedral de la Capital, ahí juntito al Palacio de Gobierno, así mientras el Presidente ponía en orden al país, él pondría en orden a todas las almas descarriadas. Quería ser el líder de la iglesia, el pastor de las ovejas y con las manos muy juntitas rezaba todas las noches antes de dormir para que su milagrito se le hiciera realidad.

El Padre Eulalio se había iniciado en su carrera hacia la santidad desde muy joven y con la completa bendición de su familia. En esos días eL tener un sacerdote en la familia era un asunto de orgullo e importancia, así que el apoyo de sus padres nunca le falto. Nació en la ciudad de Morelia y ahí mismo entro al seminario donde fue uno de los mejores de su grupo. Latín, Teología, Italiano, Historia, Ritos Eclesiásticos, Catecismo y quien sabe cuantas materias mas tuvo que estudiar para finalmente ser elegido para continuar sus estudios en la Capital.

La vida da muchas vueltas y una semana antes de partir hacia donde se cumpliría el sueño de toda una vida, los sueños de grandeza del Padre Eulalio se vinieron abajo cuando estando en el lugar y a la hora equivocada se enfrasco en una discusión tormentosa acerca del pecado con el meritito Arzobispo del estado, Monseñor Ignacio Arciga y Ruiz de Chávez. Como castigo a su irreverencia fue enviado al pueblo de Irimbo a hacerse cargo de la Parroquia del municipio. Ahí mismo se terminaron sus sueños de gloria y comenzaron su martirio y penitencia, como el mismo apodaba a su falta de prudencia y mala fortuna." FIN

Que tengan un lindo sabado!

5 comentarios:

Javi Moya dijo...

jolines... que bien escribes!

a mi tambien me gustaba mucho escribir.. pero vamos.. ni de lejos como tu.

Rain dijo...

Estos personajes de la Pájara son alucinantes como la vida misma.

Hay una visión que orilla lo mágico..., es lo que percibo.

:)





....


¿En qué momento me preguntaste si soy hombre o mujer?

No recuerdo que me hayas preguntado ni que yo te haya contestado...Pájara.
¿estás confundiéndote?

Ah, me río, una vez en tono agresivo me dijeron en un blog que soy 'dulce'.

Pertefonías.


Chao ... :)

Eleafar Cananita dijo...

si recordara cómo se escribe te daría algún consejo de esos que nadie necesita. lo que sí puedo decirte de mi vida pasada es que recuerdo un mar de papeles que se escribían y se rompían, y se reescribían, no sé con qué fin. creo que buscaba una voz personalísima. siguele, ándale, pajarita, así, en mexicano. ansío leer la novela completa.

Andrea dijo...

Vaya eres todo un estuche de monerías :-) me gustó tu prosa...saludos!!
Por cierto, desde cuándo radicas en Nueva York?

Pajara Pinta dijo...

Javi, Vir y Eleafar: que amables... *me sonrojo*... siempre es lindo oir comentarios del trabajo de uno *y si son asi de lindos mejor* sigo trabajando en la novela... asi que seguire posteando pedacitos aqui y alla

Andrea: gracias tambien y contestando a tu pregunta llevo viviendo aqui 5 anos... uuuuy como pasa el tiempo!